Por Las Dos Campanas | Narrador: Víctor Hugo Denis
No son políticos. No son millonarios. No buscan cargos ni riquezas. Son hombres y mujeres de fe que entendieron que el Evangelio no se predica solamente con palabras: se predica con hechos, con amor y estando al lado de quien más lo necesita.
La Iglesia, cuando abraza a los pobres, a quienes viven en la calle, a los descartados y a quienes sienten que la sociedad los dejó atrás, se convierte en una verdadera conexión con Dios.
En tiempos donde un gobierno libertario es cuestionado por políticas que golpean especialmente a los sectores más vulnerables, hay quienes eligen otro camino: compartir en lugar de acumular, acompañar en lugar de señalar y dar en lugar de preguntar qué recibirán a cambio.
Porque el hambre no pregunta de qué partido político sos. La soledad no pregunta cuánto ganás. El dolor no pregunta a quién votaste.
Dios no hace esas preguntas. Dios ama.
EL RELATO DE GUSTAVO ARCOS: “TODO SE HACE CON AMOR Y FE”
Entre quienes viven esta misión aparece Gustavo Arcos, un hombre que se define, antes que nada, como un hijo de Dios.
Su mensaje es sencillo, pero profundo: todo lo que se hace por el prójimo debe hacerse con amor y con fe.
Gustavo entiende que ayudar no es solamente entregar una comida, una ropa o una ayuda material. Es mirar a los ojos a la persona que está sufriendo y hacerle sentir que todavía importa.
“Somos hijos de Dios y estamos para servir”, es el espíritu que atraviesa su manera de vivir la fe. Para él, cada acción solidaria representa una oportunidad de acercarse a Dios a través del otro.
No se trata de preguntar qué tiene quien necesita. Se trata de preguntarse qué podemos hacer nosotros para aliviar su dolor.
Porque la fe verdadera no se queda encerrada dentro de cuatro paredes.
La fe camina. La fe abraza. La fe alimenta. La fe acompaña. La fe devuelve esperanza.
¿Qué sería del mundo sin esas personas que entregan su tiempo, sus recursos y hasta su propia tranquilidad por amor al prójimo?
Quizás serían muchas menos las luces encendidas en medio de tanta oscuridad.
El Evangelio nos recuerda que la fe sin obras pierde su sentido. Amar a Dios también es amar al que sufre.
Por eso, frente a una sociedad cada vez más individualista, la solidaridad sigue siendo una forma de resistencia.
Y frente a quienes creen que cada uno debe salvarse solo, personas como Gustavo Arcos recuerdan algo fundamental:
nadie se salva solo cuando el amor de Dios nos llama a levantar al que está caído.
No buscan aplausos.
No buscan poder.
No buscan riquezas.
Buscan servir.
Porque Dios es amor.
Dios es vida.
Y donde hay amor verdadero, siempre habrá una mano extendida para levantar al que cayó.
Las Dos Campanas | Víctor Hugo Denis
























