Por Las Dos Campanas | Víctor Hugo Denis
La escena duele y golpea de frente a una realidad que el Gobierno nacional intenta disimular detrás de estadísticas y discursos de ajuste. Un jubilado de 73 años fue demorado en San Pedro de Jujuy tras intentar llevarse una bandejas de carne y algunos alimentos escondidos entre sus prendas. No robaba electrodomésticos ni artículos de lujo. Intentaba llevarse comida.
Según trascendió, cuando fue interceptado por personal policial, el hombre rompió en llanto y pronunció una frase que resume el drama que atraviesan miles de adultos mayores en la Argentina: «Perdón, hijo, no tenía para comer».
La imagen es devastadora. Un hombre que trabajó toda su vida, que aportó al sistema y que debería transitar su vejez con dignidad, terminó humillado frente a un supermercado por no poder comprar un pedazo de carne. No se trata de un hecho aislado. Es el reflejo de una crisis social cada vez más profunda donde las jubilaciones pierden poder adquisitivo mes tras mes mientras los precios de los alimentos, medicamentos y servicios siguen escalando.
Los jubilados son hoy uno de los sectores más castigados por las políticas de ajuste. Muchos deben elegir entre comprar remedios o alimentos, pagar una boleta de luz o llenar la heladera. La carne, símbolo histórico de la mesa argentina, se convirtió en un lujo inalcanzable para millones de personas.
En medio de esta tragedia social, el encargado del comercio decidió no avanzar con la denuncia penal. Un gesto de humanidad que contrasta con la indiferencia de quienes diseñan políticas que condenan a los sectores más vulnerables a la exclusión y el hambre.
Cuando un jubilado de 73 años se ve obligado a arriesgar su libertad para llevar comida a su casa, el problema ya no es individual. Es el síntoma de un país donde el ajuste cayó sobre los que menos tienen mientras la pobreza y la desesperación avanzan sin freno.
La pregunta que queda flotando es tan simple como dolorosa: ¿cómo puede sobrevivir un jubilado cuando la jubilación ya no alcanza para comer?
Porque detrás de cada número y cada estadística hay personas de carne y hueso. Y hoy, en la Argentina, cada vez son más los adultos mayores que viven una realidad que debería avergonzar a toda la dirigencia política.























