Por Las Dos Campanas | Víctor Hugo Denis
Resulta, cuanto menos, preocupante que sectores de la derecha vuelvan a colocar la inseguridad en el centro de la escena como bandera política, mientras las decisiones del Gobierno nacional golpean directamente a los recursos que necesitan los bonaerenses para enfrentarla.
Moroni suma a Gauna, un excombatiente de Malvinas y hombre de perfil militar, con la misión de diseñar una estrategia para combatir la inseguridad en Lanús. La pregunta inevitable es: ¿alcanza con una figura de mano dura cuando faltan políticas de Estado, recursos y prevención?
Porque la seguridad no se construye solamente con discursos de orden, uniformes o endurecimiento de las respuestas. También se construye con educación, salud, trabajo, prevención, inclusión y una fuerza de seguridad equipada y profesionalizada.
Y aquí aparece una contradicción que no puede ser ignorada: mientras se habla de combatir la inseguridad, la Provincia de Buenos Aires reclama recursos para sostener justamente esos pilares fundamentales que impactan sobre la vida cotidiana de millones de bonaerenses.
¿De qué sirve hablar de “mano dura” si después se desfinancian las herramientas que permiten prevenir el delito?
También genera tristeza ver a un excombatiente de Malvinas incorporarse a un proyecto político identificado con la derecha. No por sus convicciones personales —que merecen respeto— sino porque muchos esperaban que figuras con semejante historia y compromiso con la Patria estuvieran vinculadas a proyectos políticos que históricamente reivindicaron la soberanía, la justicia social y la defensa de los trabajadores.
La inseguridad es demasiado grave para convertirla en una herramienta electoral.
Lanús necesita respuestas concretas, no marketing político. Necesita patrulleros, prevención, inteligencia criminal, justicia que funcione, iluminación, urbanización, oportunidades para los jóvenes y un Estado presente.
La pregunta queda abierta: ¿hay realmente un plan integral contra la inseguridad o solamente una nueva puesta en escena de la “mano dura” para hacer política con el miedo de los vecinos?
Porque cuando la inseguridad se transforma en discurso electoral, mientras se abandonan las políticas sociales que también previenen el delito, el problema no desaparece.
Y los que pagan el precio de esa contradicción son, una vez más, los vecinos.






















