Por Víctor Hugo Denis | Las Dos Campanas
Mientras el Gobierno de Javier Milei insiste en mostrar una supuesta estabilidad económica como un éxito indiscutible, la realidad vuelve a golpear la puerta con fuerza. El riesgo país trepó a los 450 puntos básicos, su nivel más alto en dos meses, una señal que los mercados interpretan como desconfianza sobre el rumbo económico de la Argentina.
El dato no es menor. Mientras desde la Casa Rosada se repite que la economía está en recuperación, los inversores continúan observando un escenario cargado de incertidumbre. La inflación no desaparece, el consumo sigue deprimido, la actividad económica muestra signos de fragilidad y cada vez más argentinos deben hacer malabares para llegar a fin de mes.
El problema es que el Gobierno parece gobernar para los indicadores financieros y no para las personas. Se celebra el comportamiento de algunos bonos en Wall Street, pero se guarda silencio sobre los jubilados que no pueden comprar medicamentos, los trabajadores cuyos salarios pierden contra los precios y las pequeñas empresas que luchan por sobrevivir en medio de la caída del mercado interno.
La promesa de que el ajuste generaría prosperidad para todos choca contra una realidad social cada vez más dura. Los sectores concentrados de la economía continúan obteniendo beneficios, mientras el esfuerzo recae sobre trabajadores, jubilados, estudiantes y familias que ven reducirse su calidad de vida.
A esto se suma una contradicción que resulta imposible ignorar: mientras se exige sacrificio a la población, la política continúa mostrando privilegios, gastos cuestionables y una falta de ejemplaridad que alimenta el descreimiento social. La lucha contra la corrupción no puede ser un discurso de campaña; debe transformarse en una práctica permanente y sin excepciones.
La historia económica argentina demuestra que ningún país sale adelante únicamente con ajuste fiscal y especulación financiera. Sin producción, sin empleo de calidad, sin inversión en ciencia, educación e infraestructura, cualquier mejora aparente termina siendo un problema asia un futuro mejor. Los mercados pueden celebrar un día y castigar al siguiente. Los ciudadanos, en cambio, sufren las consecuencias durante años.
El aumento del riesgo país es una advertencia que desarma el triunfalismo oficial. Si el rumbo fuera tan sólido como afirma el Gobierno, la confianza internacional debería fortalecerse y no deteriorarse. Los números muestran que las dudas persisten y que el relato libertario no alcanza para disiparlas.
La verdadera discusión no es cuánto suben o bajan los bonos en una jornada financiera. La pregunta central es por qué, después de meses de ajuste, millones de argentinos siguen viendo empeorar sus condiciones de vida. Mientras esa respuesta no aparezca, el supuesto éxito económico seguirá siendo una construcción discursiva alejada de la experiencia cotidiana de la mayoría de la sociedad.
Porque detrás de cada punto que sube el riesgo país hay algo más que estadísticas: hay incertidumbre, pérdida de oportunidades y un pueblo que continúa pagando el costo de decisiones que benefician a unos pocos y sacrifican a las grandes mayorías. por VHD






















