Por Víctor Hugo Denis | Las Dos Campanas
Mientras miles de argentinos se preparan para movilizarse en las calles en defensa de la educación pública, los salarios, las jubilaciones y el trabajo, vuelve a instalarse una pregunta inquietante: ¿quiénes son realmente los enemigos de la Argentina?
En los últimos meses, el gobierno de Javier Milei ha endurecido su discurso contra sectores sociales, sindicales, estudiantiles y universitarios que cuestionan sus políticas de ajuste. Sin embargo, entre quienes marchan se encuentran docentes, estudiantes, investigadores, trabajadores, jubilados y familias que expresan su preocupación por el rumbo económico y social del país. Diversas organizaciones sindicales, sociales y educativas convocaron a nuevas movilizaciones durante esta semana en rechazo al ajuste y para reclamar mejoras salariales y mayor financiamiento para la educación pública.
La protesta social es una herramienta histórica de la democracia argentina. Reducir a quienes reclaman a una categoría de enemigos internos sólo profundiza la división y dificulta la construcción de consensos necesarios para enfrentar la crisis.
Al mismo tiempo, crecen los debates sobre el futuro de los recursos estratégicos, la soberanía económica y el papel del Estado. Distintos sectores sociales y políticos cuestionan proyectos que consideran una apertura excesiva a intereses extranjeros en áreas sensibles como la tierra y los recursos naturales.
La Argentina necesita inversiones, crecimiento y estabilidad, pero también necesita diálogo. Ningún país logra desarrollarse enfrentando permanentemente a una parte de su propia sociedad. Cuando las diferencias políticas se transforman en descalificaciones, el riesgo es que la discusión democrática sea reemplazada por la confrontación permanente.
Mañana las calles volverán a hablar. Allí estarán trabajadores, estudiantes, docentes, jubilados y organizaciones sociales. No marcharán por ser enemigos de la patria, sino porque consideran que tienen derecho a expresar sus reclamos en democracia. La verdadera discusión no debería ser cómo etiquetar a quienes protestan, sino cómo construir una Argentina capaz de escuchar todas las voces y defender los intereses nacionales sin excluir a nadie.





















