Por Víctor Hugo Denis | Las Dos Campanas
Septiembre llega con una nueva suba de tarifas para millones de argentinos. Las facturas de electricidad aumentarán un 1,75% en el AMBA y el gas un 1,40% en todo el país. Sin embargo, detrás de estos porcentajes que el Gobierno presenta como «moderados» se esconde una realidad preocupante: la propia administración nacional tuvo que ampliar nuevamente los subsidios porque el impacto de los aumentos ya comenzó a ser insostenible para miles de hogares.
La decisión de elevar de 150 a 200 kWh mensuales el consumo eléctrico subsidiado no es un gesto de generosidad. Es el reconocimiento implícito de que las familias no logran absorber el ajuste tarifario. Si la situación económica fuera tan favorable como sostiene el discurso oficial, no habría necesidad de retroceder en el recorte de subsidios previsto para septiembre.
Mientras los salarios continúan perdiendo poder adquisitivo frente al costo de vida, los servicios públicos siguen acumulando aumentos mes tras mes. El problema no es solamente el incremento de septiembre, sino la suma de cada ajuste aplicado desde el inicio del plan económico. Lo que para el Gobierno representa una «corrección de precios relativos», para millones de trabajadores, jubilados y sectores medios significa elegir entre pagar una factura o resignar otros gastos esenciales.
La incorporación de bonificaciones extraordinarias del 25% en electricidad y del 24,5% en gas también deja en evidencia la contradicción oficial. Por un lado se insiste con la reducción de subsidios y el ajuste fiscal; por otro, se deben ampliar los beneficios para evitar que las boletas se vuelvan directamente impagables.
En el Conurbano bonaerense, donde millones de usuarios dependen de Edenor y Edesur, la preocupación crece. El verdadero problema no está en el porcentaje anunciado, sino en cuánto consumo quedará protegido y cuánto comenzará a pagarse a precio pleno. Con la llegada de los meses más cálidos y el uso intensivo de ventiladores o aires acondicionados, muchas familias podrían volver a enfrentar facturas difíciles de afrontar.
La realidad es contundente: mientras el Gobierno celebra indicadores macroeconómicos, los hogares siguen ajustando sus cuentas para llegar a fin de mes. Y cuando el propio Estado debe ampliar subsidios para amortiguar el impacto de sus medidas, queda claro que el bolsillo de los argentinos está soportando una carga cada vez más pesada.
Las facturas siguen subiendo, los ingresos continúan perdiendo terreno y la promesa de alivio económico parece cada vez más lejana para quienes viven de un salario, una jubilación o un trabajo informal.























