Un informe de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) revela una de las caras más preocupantes del modelo económico impulsado por el presidente Javier Milei. Mientras el Gobierno celebra indicadores macroeconómicos y sostiene un discurso de recuperación, miles de trabajadores y pequeños empresarios enfrentan una realidad muy distinta: empresas que cierran, fábricas semiparalizadas y empleos que desaparecen.
Según el relevamiento, durante abril dejaron de operar 1.814 empresas y se perdieron 1.555 puestos de trabajo registrados. Desde el inicio de la actual gestión, la destrucción acumulada supera los 341 mil empleos formales y alcanza a más de 28 mil empresas en todo el país.
El impacto golpea con especial fuerza al conurbano bonaerense, donde históricamente la industria y las pequeñas y medianas empresas fueron motores de la actividad económica. Hoy, numerosas plantas trabajan con elevados niveles de capacidad ociosa, mientras comercios y talleres luchan por sobrevivir frente a la caída del consumo, la apertura de importaciones y el aumento de los costos operativos.
La contradicción entre los indicadores que exhibe la Casa Rosada y lo que sucede en la economía real se vuelve cada vez más evidente. Mientras algunos sectores financieros muestran signos de estabilidad, la producción y el empleo continúan deteriorándose. La construcción, la industria manufacturera y el comercio aparecen entre los sectores más castigados por la pérdida de puestos de trabajo registrados.
Para miles de familias del Gran Buenos Aires, la supuesta recuperación económica todavía no llegó. Lo que sí llegó fueron los despidos, el cierre de fuentes laborales y una creciente incertidumbre sobre el futuro. Detrás de cada empresa que baja sus persianas hay trabajadores que pierden su sustento, comerciantes que dejan de invertir y barrios que ven apagarse parte de su actividad económica.
La pregunta que comienza a instalarse es si el equilibrio fiscal que celebra el Gobierno puede sostenerse en el tiempo cuando la economía productiva continúa perdiendo empresas, empleo y capacidad industrial. Porque detrás de los números oficiales existe otra Argentina: la de las persianas cerradas, las fábricas silenciosas y los trabajadores que aún esperan una recuperación que no termina de llegar.























