La inseguridad volvió a golpear con una crueldad que estremece. Antonieta, una mujer de 84 años, sufrió una fractura de cadera luego de ser empujada violentamente por cuatro motochorros armados que le robaron el automóvil a su familia en Remedios de Escalada partido de Lanùs.
La jubilada regresaba de una consulta médica junto a su esposo Vitto, de 92 años, cuando fueron interceptados por dos motocicletas con cuatro delincuentes. A punta de pistola, los asaltantes amenazaron de muerte a toda la familia para apoderarse del vehículo. En medio del terror, uno de los ladrones empujó brutalmente a Antonieta, quien cayó pesadamente sobre el asfalto y terminó gravemente herida.
El hecho expone una realidad que miles de vecinos denuncian todos los días: calles cada vez más peligrosas, delincuentes que actúan con total impunidad y un Estado que no logra garantizar la seguridad más elemental. Mientras los ciudadanos viven con miedo, los motochorros continúan sembrando violencia en los barrios y las víctimas siguen acumulándose.
La imagen de una mujer de 84 años fracturada tras un robo no debería ser una noticia más. Es el reflejo de un sistema que llega tarde, que no previene y que parece incapaz de proteger a quienes trabajaron toda su vida y hoy merecen vivir con tranquilidad.
La pregunta vuelve a ser la misma: ¿cuántas víctimas más hacen falta para que la inseguridad sea tratada como una verdadera emergencia?






















