Por Las Dos Campanas – Víctor Hugo Denis
Las recientes declaraciones del presidente Javier Milei en la Bolsa de Comercio de Rosario generaron indignación entre millones de argentinos que hoy enfrentan deudas, tasas de interés asfixiantes y una situación económica cada vez más difícil.
Lejos de reconocer el impacto de las políticas económicas que han deteriorado el poder adquisitivo de trabajadores, jubilados y sectores medios, el mandatario eligió burlarse de las familias endeudadas. Con tono despectivo, atribuyó el crecimiento de la morosidad a quienes compraron televisores para ver el Mundial o realizaron apuestas deportivas, minimizando una problemática que afecta a más de seis millones de personas.
La realidad es muy distinta a la caricatura presentada por el Presidente. Miles de argentinos recurren al crédito para comprar alimentos, medicamentos, pagar alquileres, servicios básicos o simplemente llegar a fin de mes. En un contexto de salarios deteriorados, despidos, caída del consumo y tasas de financiamiento que muchos califican de usurarias, responsabilizar exclusivamente a los ciudadanos resulta una postura alejada de la realidad cotidiana.
Más preocupante aún fue el tono utilizado por Milei, quien se mofó de la preocupación por la morosidad mientras reconocía que en algunos segmentos alcanza niveles cercanos al 50%. En lugar de analizar las causas estructurales del endeudamiento, eligió la ridiculización de quienes atraviesan dificultades económicas.
Un presidente puede defender su programa económico, pero difícilmente pueda construir soluciones cuando responde con ironías ante el sufrimiento de millones de familias. La morosidad no es un chiste ni una anécdota estadística: detrás de cada deuda hay trabajadores, jubilados, comerciantes y jóvenes que intentan sobrevivir en una Argentina cada vez más desigual.
Mientras el Gobierno celebra indicadores financieros, la realidad golpea en los hogares. Y cuando el poder se burla de quienes no llegan a fin de mes, la distancia entre los discursos oficiales y la vida de la gente se vuelve imposible de ocultar.





















