Preocupación ambiental y malestar entre pescadores por presuntos vuelcos de residuos en la costa
Una grave denuncia ambiental vuelve a encender las alarmas en Avellaneda. Vecinos, pescadores y testigos aseguran haber observado camiones vinculados al Municipio descargando barro y sedimentos presuntamente contaminados en sectores cercanos al río, generando una profunda preocupación por el impacto que estas acciones podrían tener sobre el ecosistema y la salud pública.
El medio local Las Dos Campanas fue testigo de movimientos de camiones y tareas de descarga en la zona ribereña, una situación que provocó indignación entre quienes frecuentan el lugar y dependen del río para actividades recreativas y de subsistencia.
La imagen es desoladora. Donde antes pescadores encontraban un espacio de encuentro con la naturaleza, hoy observan acumulaciones de barro, residuos y un paisaje cada vez más degradado. La preocupación se agrava aún más debido a que días atrás fueron hallados numerosos peces muertos en distintos sectores de la costa, un hecho que despertó interrogantes sobre el estado ambiental de las aguas.
Si bien aún resta la intervención de organismos técnicos que determinen el origen de la contaminación y la composición de los materiales volcados, vecinos reclaman controles urgentes y una investigación transparente. La falta de información oficial alimenta la incertidumbre y el enojo de la comunidad.
Diversos sectores sostienen que el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, a través de los organismos ambientales competentes, debe intervenir de manera inmediata para verificar qué tipo de materiales están siendo depositados en la ribera y garantizar que no se produzcan nuevos vuelcos que puedan afectar al Río de la Plata.
La protección de los recursos naturales no puede quedar librada a la improvisación ni a la ausencia de controles. Si efectivamente se están arrojando residuos o sedimentos contaminados, estaríamos frente a un hecho de extrema gravedad que merece explicaciones públicas, estudios ambientales independientes y eventuales responsabilidades administrativas y judiciales.
Los vecinos exigen respuestas. Los pescadores reclaman controles. Y el río, una vez más, parece convertirse en el silencioso receptor de prácticas que deben ser investigadas para preservar el ambiente y evitar daños irreversibles.
Fuente: Las Dos Campanas
Redacción: Víctor Hugo Denis






















