La escuela secundaria atraviesa una crisis de presencialidad que tiene a la provincia de Buenos Aires en el ojo de la tormenta. Según los últimos datos del observatorio de Argentinos por la Educación, el ausentismo no solo creció, sino que se volvió «crítico»: a nivel nacional, más de la mitad de los alumnos (51%) falta al menos tres semanas por año, pero en territorio bonaerense esa cifra trepa al 66%, encabezando el ranking de inasistencias en todo el país.
Los números del abandono «hormiga»
El informe marca una tendencia preocupante: mientras que en 2022 el 44% de los estudiantes acumulaba más de 15 faltas, para 2024 esa cifra saltó al 51%. Lo más grave es el grupo de los «faltadores seriales»: los alumnos con más de 20 inasistencias pasaron del 26% al 30%.
Para los directores de las escuelas, esta es la principal preocupación (46%), por encima de los bajos logros educativos. Sostienen que el ausentismo es el paso previo al abandono definitivo y a la pérdida de hábitos básicos para el mundo del trabajo.
¿Por qué faltan los chicos?
A diferencia de lo que se cree, el factor socioeconómico no es el único motor de las faltas. Las razones declaradas por los propios alumnos son:
- Salud: 62% (el motivo principal).
- Falta de ganas: 39% (un número altísimo que revela falta de motivación).
- Problemas de acceso: 34% (dificultades con el transporte o el clima).
- Llegadas tarde: 32%.
Martín Nistal, director del observatorio, advirtió que el ausentismo se profundiza los lunes y viernes, o en los días previos y posteriores a feriados y vacaciones, lo que demuestra una relajación en la importancia de la constancia escolar.
Sin consecuencias, no hay aprendizaje
Uno de los puntos más polémicos del informe es la falta de «costo» por faltar. «No hay grandes consecuencias por el lado de la promoción de grado. Las tasas de repitencia vienen bajando, pero no porque los chicos aprendan más, sino porque se flexibilizaron las exigencias», explicaron desde el observatorio.
Esta situación genera un efecto dominó: el chico que no va a clase aprende menos, le cuesta más entrar a la facultad y, a futuro, tiene menos disciplina para conservar un empleo. En el Conurbano, donde la contención social de la escuela es clave, el ausentismo deja a los jóvenes más expuestos a la vulnerabilidad de la calle.






















