Cuando la burocracia se convierte en maltrato: pasajeros repudiaron la actitud del conductor y exigieron respeto por los derechos de las personas con discapacidad
Un nuevo episodio de presunto maltrato en el transporte público generó indignación y repudio entre los pasajeros de la línea 164, luego de que, según denunciaron testigos, un chofer se negara a continuar el recorrido porque una joven con discapacidad no tenía cargado su Certificado Único de Discapacidad (CUD) en la aplicación Mi Argentina.
La situación habría terminado con la joven quebrada en llanto frente a la negativa del conductor, mientras varios pasajeros intervenían y cuestionaban duramente la actitud adoptada.
Más allá de las circunstancias administrativas que puedan existir, hay algo que no puede ser negociable: una persona con discapacidad no puede ser humillada, maltratada ni expuesta públicamente por una cuestión vinculada a su documentación.
El transporte público no es un privilegio. Es un servicio esencial y debe garantizar condiciones de accesibilidad, igualdad y trato digno. Mucho menos puede convertirse en un espacio donde una persona vulnerable termine llorando frente a la mirada de otros pasajeros.
¿Dónde quedó la empatía?
Lo ocurrido, de confirmarse, vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿qué clase de sociedad estamos construyendo cuando un trámite, una aplicación o una exigencia administrativa termina pesando más que la dignidad de una persona?
Las personas con discapacidad tienen derechos y las empresas de transporte tienen responsabilidades. No alcanza con colocar rampas, carteles o sistemas de accesibilidad si después, en la práctica, el trato humano queda relegado.
La inclusión no se declama: se demuestra en cada viaje, en cada colectivo y en cada situación cotidiana.
Desde este medio repudiamos cualquier conducta que implique maltrato, discriminación, destrato o humillación hacia una persona con discapacidad. Si la denuncia es tal como fue relatada por los testigos, corresponde que la empresa investigue seriamente lo sucedido, determine responsabilidades y adopte las medidas necesarias para evitar que vuelva a repetirse.
Porque detrás de cada pasajero hay una persona. Y detrás de una discapacidad hay alguien que merece exactamente lo mismo que cualquier otro ciudadano: respeto, dignidad y un trato humano.
LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD NO SON CIUDADANOS DE SEGUNDA. SUS DERECHOS SE RESPETAN.
Por Víctor Hugo Denis | Las Dos Campanas





















