La falta de Lebocar (levodopa-carbidopa), uno de los medicamentos más importantes para el tratamiento del Parkinson, expone una crisis sanitaria que golpea de lleno a miles de familias argentinas. Mientras pacientes recorren farmacias sin éxito y suspenden tratamientos por falta de stock, las respuestas oficiales siguen sin aparecer.
La Red Argentina de Parkinson confirmó que los laboratorios locales no cuentan con la materia prima importada necesaria para fabricar el medicamento. A esto se suma una situación aún más preocupante: en el país existe prácticamente un único laboratorio encargado de la elaboración y procesamiento de esta fórmula. Cuando esa línea de producción se detiene, se paraliza toda la cadena de distribución nacional.
La situación se agravó cuando laboratorios de primera línea, como Pfizer —comercializadora de Lebocar— y Bagó, responsable de Parquinel, dejaron de abastecer a droguerías y farmacias, provocando un faltante generalizado que hoy afecta a miles de pacientes.
«Mi madre depende de esta medicación para poder levantarse de la cama, caminar y tener una vida digna. No estamos hablando de un producto opcional, estamos hablando de salud y de calidad de vida», denunció Iván Aguírres, hijo de una paciente con Parkinson afectado por el desabastecimiento.
Aguírres sostuvo que la incertidumbre es total. «Cada día recorremos farmacias buscando una caja. Nadie sabe cuándo volverá a haber stock. Nos sentimos abandonados por un sistema que debería garantizar algo tan básico como el acceso a un medicamento esencial.»
Las organizaciones de pacientes ya presentaron reclamos formales ante el Ministerio de Salud de la Nación. Sin embargo, la ausencia de medidas concretas mantiene paralizada la reposición en los mostradores y multiplica la angustia de quienes dependen de la medicación para desarrollar tareas cotidianas.
Para especialistas y familiares, el problema deja al descubierto la fragilidad de un sistema excesivamente dependiente de insumos importados y de un único productor nacional. Cuando falla un eslabón, miles de personas quedan a merced de la incertidumbre.
Mientras tanto, pacientes y familiares esperan respuestas que no llegan. La pregunta es inevitable: ¿cómo puede faltar en la Argentina un medicamento indispensable para una enfermedad neurodegenerativa que afecta a miles de personas? Cada día sin tratamiento implica un deterioro que muchas veces resulta irreversible. Y frente a esa realidad, el silencio oficial comienza a transformarse en una forma de abandono.























