La limpieza de la Cuenca Matanza-Riachuelo retrocede en medio de fuertes cuestionamientos por los recortes presupuestarios. Basura acumulada, olores nauseabundos y preocupación ambiental: ¿qué está haciendo el Gobierno de Javier Milei para evitar que décadas de trabajo terminen perdiéndose?
El Riachuelo vuelve a mostrar una imagen que la Argentina no debería aceptar como normal: basura acumulada en sus orillas, aguas contaminadas y olores nauseabundos que afectan a quienes viven, trabajan y transitan por sus alrededores.
La pregunta es inevitable: ¿qué pasó con ACUMAR desde que Javier Milei llegó a la Presidencia?
Durante los gobiernos kirchneristas se profundizaron políticas de saneamiento, se impulsaron obras de infraestructura, controles industriales y acciones para recuperar progresivamente una de las cuencas más contaminadas del país. No se había solucionado el problema, pero existía una política de intervención que necesitaba continuidad y mayores inversiones.
Hoy, los recortes presupuestarios y las denuncias sobre la reducción de las tareas territoriales vuelven a encender las alarmas.
Un informe de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales señaló que los recursos destinados al saneamiento de ACUMAR cayeron un 83,2% en términos reales entre 2023 y 2025. Una cifra que obliga a preguntar qué lugar ocupa el cuidado ambiental en las prioridades del Gobierno nacional.
Pero hay otro problema que no puede quedar fuera de la discusión: las empresas que desarrollan actividades industriales en la cuenca. Los controles sobre los establecimientos que generan efluentes contaminantes deben ser permanentes. Ninguna empresa puede tener autorización social ni económica para convertir un río en un depósito de desechos.
La contaminación del Riachuelo no es solamente un problema de imagen. Es una amenaza ambiental y sanitaria que exige controles, sanciones y responsabilidades. También es necesario vigilar el impacto que los contaminantes transportados por la cuenca pueden tener sobre el sistema del Río de la Plata.
¿DÓNDE ESTÁN LOS RECURSOS Y QUIÉN CONTROLA EL SANEAMIENTO?
ACUMAR debe explicar públicamente qué tareas está realizando, cuántas jornadas de limpieza se llevan adelante, qué presupuesto ejecuta, cuántas industrias fueron inspeccionadas y qué sanciones se aplicaron a quienes incumplen las normas ambientales.
No alcanza con publicar informes ni mostrar porcentajes. La recuperación de la cuenca debe poder comprobarse en el territorio.
El Riachuelo no pertenece a un gobierno ni a un partido político. Es patrimonio ambiental de todos los argentinos y una responsabilidad que atraviesa a la Nación, la Provincia y la Ciudad de Buenos Aires.
No podemos permitir que una política pública de semejante importancia quede debilitada por decisiones presupuestarias o disputas políticas.
La Argentina necesita un Riachuelo limpio, no un río condenado al abandono. La contaminación no espera elecciones y la salud de millones de personas tampoco puede esperar.
La sociedad merece respuestas. Y el Gobierno de Javier Milei tiene la obligación de explicar qué está haciendo para garantizar la continuidad del saneamiento.
Por Víctor Hugo Denis | Las Dos Campanas





















