Renovar una licencia de conducir pasó de ser un trámite necesario a convertirse, para muchos trabajadores, en una barrera económica que amenaza su fuente de ingresos. ¿Quién se hace cargo de los bonaerenses que no pueden pagar?
Desde Las Dos Campanas salimos a la calle para escuchar a quienes enfrentan las dificultades para renovar sus licencias de conducir. Lo que encontramos es una preocupación concreta: trabajadores del transporte escolar, camioneros y repartidores de mercadería que necesitan este documento para ejercer su oficio y sostener a sus familias.
Según los testimonios recogidos por este medio, el costo del trámite habría pasado de alrededor de $30.000 a $300.000. Un aumento de esa magnitud representa un golpe directo al bolsillo de quienes viven de su trabajo y no siempre cuentan con los recursos para afrontar semejante gasto.
La pregunta es inevitable: ¿cómo puede un trabajador conservar su empleo si no tiene dinero para pagar el requisito que le permite trabajar?
La situación también abre un interrogante sobre la responsabilidad del Gobierno bonaerense, encabezado por Axel Kicillof, y de las autoridades competentes: ¿qué alternativas existen para quienes necesitan renovar su licencia y no pueden afrontar el costo? ¿Hay planes de pago, facilidades o mecanismos que eviten que una dificultad económica termine en desempleo?
JUAN CARLOS, 50 AÑOS: “HOY SOY UN DESOCUPADO MÁS”
Juan Carlos, de 50 años, transportista escolar, compartió con Las Dos Campanas el drama que atraviesa:
“No puedo pagar esa suma. Me quedé sin trabajo porque no cuento con el dinero para renovar la licencia y conservar mi empleo. Hoy soy un desocupado más”.
Detrás de sus palabras hay una realidad que no puede ignorarse: una persona que quiere trabajar, pero que asegura haberse quedado sin ingresos por no poder afrontar el costo de un trámite indispensable para su actividad.
EL ESTADO DEBE DAR RESPUESTAS
La licencia de conducir no es un lujo para quien trabaja al volante. Es una herramienta indispensable para camioneros, transportistas escolares y repartidores. Por eso, cuando su renovación se vuelve económicamente inaccesible, corresponde exigir explicaciones, transparencia sobre los costos y alternativas razonables para los trabajadores afectados.
No alcanza con hablar de empleo si hay trabajadores que denuncian que no pueden conservarlo por no poder pagar una licencia. La política pública debe contemplar la realidad de quienes viven de su esfuerzo diario.
Desde Las Dos Campanas ponemos esta problemática sobre la mesa y reclamamos respuestas concretas de las autoridades: información clara sobre los aumentos, revisión de los costos y facilidades para que ningún trabajador quede afuera por no poder afrontar un trámite esencial.
Porque detrás de cada licencia hay una familia, un ingreso y un derecho fundamental: la posibilidad de ganarse la vida trabajando.




















