Por Víctor Hugo Denis
Los hechos de inseguridad que diariamente afectan a vecinos y comerciantes ya no se limitan a robos tradicionales. En distintos puntos del país comienzan a registrarse situaciones extremas que reflejan un profundo deterioro social y económico. Entre ellas, el robo de animales en zonas rurales para luego faenarlos de manera clandestina, un fenómeno que vuelve a aparecer con fuerza y que enciende señales de alarma sobre la realidad que atraviesan miles de familias argentinas.
Nada justifica el delito. Robar sigue siendo un acto ilegal y condenable. Sin embargo, resulta imposible analizar estos hechos sin observar el contexto social en el que ocurren. El aumento de la pobreza, la pérdida de empleo, la caída del poder adquisitivo y el encarecimiento constante de los alimentos forman parte de una crisis que golpea cada vez con más dureza a los sectores populares.
Mientras el Gobierno de Javier Milei sostiene que el ajuste económico es necesario para estabilizar las cuentas públicas, los indicadores sociales muestran una realidad preocupante. Comercios que sufren robos, productores rurales afectados por el abigeato y familias que no logran cubrir sus necesidades básicas son parte de una misma problemática que no encuentra respuestas concretas.
La inseguridad no puede abordarse únicamente desde una mirada policial. También exige respuestas económicas y sociales. Cuando crecen la exclusión, el desempleo y la falta de oportunidades, aumentan las tensiones que terminan impactando en la convivencia y la seguridad de toda la comunidad.
La discusión de fondo no debería centrarse solamente en las consecuencias, sino también en las causas. Si el Gobierno nacional no toma con seriedad el deterioro social que atraviesa gran parte de la población, el riesgo es que estos episodios se multipliquen. La Argentina ya conoce las consecuencias de las crisis profundas, y muchos ciudadanos observan con preocupación señales que recuerdan etapas muy difíciles de nuestra historia.
La seguridad se construye con prevención, justicia y presencia del Estado, pero también con trabajo, educación y una economía que permita a las familias vivir con dignidad. Ignorar esa realidad puede conducir a un escenario cada vez más complejo e incierto para el futuro del país.






















