Cuando el Estado no llega, la desesperación avanza
La inseguridad se ha convertido en una de las principales preocupaciones de millones de argentinos. Robos, entraderas, motochorros, homicidios y hechos de violencia extrema forman parte de una realidad cotidiana que golpea a trabajadores, jubilados, comerciantes y familias enteras.
En los barrios crece una sensación cada vez más peligrosa: la de estar solos frente al delito. Muchos vecinos aseguran que viven con miedo, que evitan salir de noche y que sienten que las respuestas del sistema judicial y de la dirigencia política son insuficientes frente a la gravedad de los hechos.
La indignación aumenta cada vez que un delincuente reincidente recupera la libertad o cuando menores involucrados en delitos violentos vuelven rápidamente a las calles. Esta situación alimenta el reclamo de sectores de la sociedad que exigen reformas más severas, mayor presencia policial y una justicia que actúe con mayor rapidez.
Sin embargo, el fenómeno más preocupante es otro: cada vez más ciudadanos hablan de defenderse por sus propios medios. La idea de la autodefensa aparece en conversaciones familiares, reuniones vecinales y redes sociales. Es el reflejo de una sociedad cansada, agotada y con una creciente sensación de abandono.
Pero la expansión de esta lógica encierra un enorme riesgo. Cuando las personas sienten que deben reemplazar al Estado, la convivencia democrática comienza a debilitarse. La inseguridad no solo amenaza la integridad física de las víctimas; también erosiona la confianza en las instituciones y profundiza la fractura social.
La respuesta de fondo no puede ser la resignación ni la justicia por mano propia. El desafío de las autoridades es recuperar el control de las calles, garantizar la protección de los ciudadanos y ofrecer respuestas concretas a una sociedad que exige seguridad. Porque cuando el miedo se transforma en desesperación, el riesgo es que la violencia termine multiplicándose y las consecuencias sean cada vez más graves para todos.
Por Víctor Hugo Denis – Las Dos Campanas





















