¿Qué hay para festejar cuando después de una vida de trabajo la jubilación no alcanza para comer, comprar medicamentos ni compartir una mesa con la familia?
Por Víctor Hugo Denis | Las Dos Campanas
El 20 de septiembre debería ser una fecha para homenajear a quienes trabajaron durante décadas, aportaron al sistema y soñaron con llegar a la jubilación para descansar y disfrutar junto a sus hijos, nietos y seres queridos. Pero para miles de jubilados argentinos, la realidad es muy diferente: la fecha llega atravesada por la preocupación, las cuentas que no cierran y la necesidad de seguir buscando ingresos para sobrevivir.
Después de 30 años de aportes, muchos trabajadores llegan a la vejez preguntándose cómo hacer para llegar a fin de mes. La jubilación debería garantizar una vida digna, no convertirse en una carrera permanente contra el hambre, los medicamentos, los alquileres y las facturas.
Los datos oficiales muestran que la problemática laboral no desaparece al llegar a la edad jubilatoria: el 33,8% de las personas de entre 60 y 74 años participó del mercado laboral en 2024.
Y detrás de cada porcentaje hay una historia: jubilados que vuelven a trabajar, que hacen changas, que venden lo que pueden o que buscan cualquier ingreso adicional para completar una jubilación que no alcanza.
La situación se vuelve todavía más dolorosa cuando aparecen los medicamentos. La vejez trae consigo mayores necesidades de atención y tratamiento, y el propio INDEC señala que los hogares con dos o más adultos mayores destinan una proporción significativa de sus gastos a salud.
¿Cómo puede festejar un jubilado si tiene que elegir entre comprar comida o comprar los medicamentos que necesita?
Aquella mesa familiar de otros tiempos, donde el abuelo podía sentarse con sus hijos y nietos y compartir un almuerzo sin hacer cuentas, parece cada vez más lejana para muchos adultos mayores.
El debate no debería ser cuánto puede sobrevivir un jubilado, sino cuánto necesita para vivir dignamente después de haber trabajado toda una vida.
Porque jubilarse no debería significar pobreza.
No debería significar abandono.
No debería significar volver a trabajar por necesidad.
Y mucho menos debería significar tener que elegir entre comer y comprar un medicamento.
En el Día del Jubilado, la pregunta queda abierta para toda la sociedad y para quienes tienen la responsabilidad de gobernar:
¿Qué futuro estamos construyendo para quienes ya entregaron gran parte de su vida al trabajo?
Un país que no puede garantizar una vejez digna a quienes trabajaron durante décadas tiene una deuda social que ningún discurso puede ocultar.
El jubilado no pide privilegios. Pide respeto, dignidad y poder vivir los años que le quedan sin tener que luchar todos los días por sobrevivir.
Narrador: Víctor Hugo Denis
Medio local: Las Dos Campanas





















