La crisis económica ya no se mide solamente en índices de inflación o caída del consumo. También se refleja en algo mucho más preocupante: la cantidad de bonaerenses que comenzaron a resignar atención médica porque ya no pueden pagarla. Mientras el gobierno de Javier Milei exhibe el superávit fiscal como principal bandera de gestión, miles de familias enfrentan un dilema cada vez más frecuente: comprar medicamentos, pagar una consulta médica o llegar a fin de mes.
Un estudio realizado por la Carrera de Sociología de la UBA, la Fundación Participar y Arqueos expone con crudeza el impacto social del ajuste. El 56,6% de las personas consultadas reconoció haber modificado alguna práctica vinculada con su salud debido al aumento de los costos. No se trata de una elección ni de un cambio de hábitos voluntario: es una consecuencia directa de la pérdida del poder adquisitivo, el aumento de las prepagas y el encarecimiento general de la atención sanitaria.
Los números son alarmantes. El 24,1% postergó consultas médicas y el 18,1% dejó de comprar medicamentos que necesitaba para continuar sus tratamientos. Aún más preocupante, el 30,2% tuvo que endeudarse para afrontar gastos relacionados con la salud. En la Argentina del ajuste, atenderse dejó de ser un derecho garantizado para convertirse en un gasto que cada vez más familias no pueden sostener.
Detrás de cada porcentaje hay historias concretas. Jubilados que reducen dosis para estirar los remedios durante más tiempo. Trabajadores que cancelan estudios médicos porque priorizan el pago de servicios básicos. Familias que posponen controles preventivos porque la urgencia económica se impone sobre cualquier recomendación médica. El ajuste no aparece únicamente en las estadísticas oficiales; también se refleja en tratamientos interrumpidos, diagnósticos demorados y enfermedades que avanzan sin control.
La situación también está provocando un éxodo silencioso desde las empresas de medicina prepaga hacia las obras sociales y el sistema público. El 51,3% de los encuestados afirmó conocer personas que abandonaron la cobertura privada porque ya no pueden afrontar las cuotas. Lo que el mercado expulsa termina siendo absorbido por el Estado.
Ese desplazamiento ya tiene consecuencias concretas. Durante el primer trimestre de 2026, IOMA registró un incremento del 10% en la demanda de prestaciones médicas y medicamentos. De los 7.533 afiliados cuyos consumos anteriormente eran cubiertos por otros sistemas, el 22% provenía de prepagas. La explicación es sencilla: cuando una familia deja de pagar una cobertura privada, la enfermedad no desaparece. La necesidad sanitaria sigue existiendo y busca respuestas donde todavía puede encontrarlas.
La paradoja del modelo libertario queda expuesta en estos números. Mientras el Gobierno nacional impulsa recortes y reduce su participación en distintas áreas del Estado, cada vez más ciudadanos dependen de los servicios públicos para atenderse. El 48,5% de los consultados considera que la reducción de recursos nacionales afecta seriamente al sistema sanitario bonaerense.
La encuesta también revela un cambio en la percepción social. El 72,3% sostiene que es el Estado quien debe garantizar el acceso a la salud, frente a apenas un 12,4% que prefiere un esquema basado principalmente en el sector privado. La crisis económica no fortaleció la confianza en el mercado; por el contrario, reforzó la convicción de que la salud no puede depender exclusivamente de la capacidad de pago de cada persona.
La motosierra prometía terminar con los privilegios de la política y reducir el gasto estatal. Sin embargo, para millones de argentinos el ajuste está golpeando sectores mucho más sensibles: jubilados, trabajadores, familias y pacientes que hoy deben elegir entre comprar alimentos, pagar servicios o continuar un tratamiento médico. Cuando una persona deja de comprar un medicamento porque no puede pagarlo, ya no estamos frente a una discusión sobre números o equilibrio fiscal. Estamos frente al costo humano de un modelo económico que convierte derechos esenciales en gastos imposibles de afrontar.
Por Víctor Hugo Denis | Las Dos Campanas




















