Por Víctor Hugo Denis | Las Dos Campanas
San Miguel del Monte fue durante décadas el reflejo de esos pueblos donde todos se conocían, donde los vecinos podían sentarse en la vereda y los chicos crecían con la tranquilidad que hoy parece cada vez más difícil de encontrar. Sin embargo, muchos habitantes aseguran que esa realidad está cambiando y que el miedo comenzó a ocupar el lugar que antes tenía la confianza.
Vecinos consultados expresan una profunda preocupación por el avance del consumo y la venta de drogas en distintos sectores de la ciudad. Relatan que la presencia de estas problemáticas ya no es un rumor aislado, sino una situación que impacta diariamente en la vida de muchas familias. El temor es aún mayor cuando se trata de adolescentes y jóvenes que, según los testimonios recogidos, quedan expuestos a entornos peligrosos que pueden condicionar su futuro.
La preocupación también alcanza a las instituciones encargadas de garantizar la seguridad. Algunos habitantes manifiestan desconfianza y sostienen que existe un clima de silencio y temor que impide denunciar situaciones que consideran irregulares. Más allá de las versiones y sospechas que circulan en el pueblo, lo cierto es que la demanda de los vecinos apunta a una mayor transparencia, controles efectivos y respuestas concretas por parte de las autoridades.
El último viernes, la comunidad quedó conmocionada por la muerte de una joven de 20 años. El hecho generó un profundo dolor entre familiares, amigos y vecinos. En el pueblo, muchas voces reclaman que se investiguen todas las circunstancias que rodearon el caso y que no se descarte ninguna hipótesis hasta que la Justicia determine lo ocurrido.
San Miguel del Monte atraviesa momentos de incertidumbre. Lo que alguna vez fue sinónimo de tranquilidad hoy aparece marcado por el miedo, las dudas y la sensación de que muchos problemas avanzan más rápido que las respuestas del Estado.
Los vecinos no piden privilegios. Piden algo mucho más básico: poder vivir sin miedo, que los jóvenes tengan oportunidades y que las autoridades estén a la altura de una comunidad que reclama ser escuchada antes de que sea demasiado tarde.





















