Por Víctor Hugo Denis | Las Dos Campanas
Mientras el invierno golpea con fuerza y las enfermedades respiratorias aumentan entre los adultos mayores, crecen las denuncias por presuntos malos tratos, demoras y atención insuficiente en clínicas y sanatorios que prestan servicios para afiliados del PAMI.
Familiares y jubilados relatan situaciones que describen como alarmantes: largas horas de espera en guardias, pacientes con fiebre alta, debilidad extrema y patologías crónicas que requieren seguimiento permanente, pero que terminan siendo enviados de regreso a sus hogares con una receta de antibióticos, algún antiinflamatorio y pocas respuestas.
La preocupación se profundiza porque las personas mayores integran uno de los grupos de mayor riesgo frente a enfermedades respiratorias. Cuando no existe un diagnóstico oportuno ni controles adecuados, cuadros aparentemente simples pueden derivar en complicaciones graves como neumonías o infecciones pulmonares severas, con consecuencias potencialmente fatales.
A esta realidad se suma la crisis que atraviesan numerosos prestadores de salud vinculados al PAMI. Durante 2026, distintas federaciones de clínicas y sanatorios denunciaron atrasos en los pagos y una fuerte pérdida del valor de los aranceles, advirtiendo sobre dificultades para sostener prestaciones y servicios. Incluso en varias provincias se registraron restricciones en la atención a afiliados por conflictos entre prestadores y la obra social.
Sin embargo, detrás de las discusiones administrativas y económicas existen personas de carne y hueso. Jubilados que trabajaron toda su vida y que hoy, cuando más necesitan del sistema de salud, sienten que son tratados como un número más en una planilla.
La salud de los adultos mayores no puede quedar atrapada entre ajustes presupuestarios, burocracia y conflictos entre organismos y prestadores. Cada demora, cada estudio postergado y cada atención deficiente puede significar un deterioro irreversible para quienes dependen exclusivamente de la cobertura del PAMI.
La vejez merece respeto, atención digna y respuestas concretas. Cuando un jubilado enfermo llega a una guardia buscando ayuda, no debería encontrarse con indiferencia, abandono o destrato. La salud no puede transformarse en un privilegio para quienes más la necesitan.
Fuente: Testimonios de afiliados y familiares; información pública sobre reclamos y situación prestacional de PAMI.
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