Mientras el Gobierno celebra una supuesta desaceleración de los precios, la realidad en las góndolas cuenta otra historia. La inflación de septiembre habría vuelto a ubicarse cerca del 2%, frenando la baja registrada en agosto y confirmando que el costo de vida sigue siendo una pesada carga para millones de trabajadores, jubilados y familias argentinas.
Las principales consultoras privadas coinciden en que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró una aceleración respecto al 1,7% de agosto. El principal responsable vuelve a ser el rubro más sensible para la población: los alimentos y bebidas.
Según LCG, los productos básicos de alimentación aumentaron 2,7% en las últimas cuatro semanas. Por su parte, Libertad y Progreso estimó una inflación mensual del 2%, impulsada por una suba del 3,2% en alimentos y bebidas no alcohólicas. Eco Go, C&T y Analytica también proyectaron cifras cercanas al 2%, reflejando una tendencia que preocupa porque afecta directamente la mesa de los argentinos.
Detrás de los porcentajes se esconde una realidad cada vez más difícil: salarios que corren detrás de los precios, jubilaciones que pierden poder adquisitivo y familias obligadas a resignar consumo para llegar a fin de mes. Mientras el Gobierno insiste en mostrar señales de estabilidad económica, los aumentos en productos esenciales demuestran que la crisis del bolsillo sigue lejos de resolverse.
La inflación podrá haber bajado respecto de los picos más altos, pero para quienes hacen las compras todos los días la sensación es otra: cada visita al supermercado confirma que comer sigue siendo un lujo cada vez más caro.
Por Víctor Hugo Denis | Las Dos Campanas
Narrador: Víctor Hugo Denis






















