Moverse por el AMBA dejó de ser una necesidad cotidiana para transformarse en una verdadera odisea económica para millones de argentinos. Lo que hasta hace poco era un gasto asumible, hoy se convirtió en uno de los castigos más duros para el bolsillo popular. Bajo la gestión del presidente Javier Milei, la quita de subsidios y los aumentos tarifarios sin freno empujaron al transporte público a niveles impagables, asfixiando a trabajadores, jubilados y estudiantes.
Las cifras son demoledoras. Desde diciembre de 2023 hasta abril de 2026, las tarifas del transporte en el Área Metropolitana de Buenos Aires registraron aumentos de hasta 17 veces su valor original, superando ampliamente la inflación acumulada del período. El caso más extremo y simbólico es el del subte, que pasó de costar $80 a $1.414, una suba feroz que expone el brutal ajuste sobre uno de los servicios esenciales para la vida urbana.
Pero el golpe no termina allí. Colectivos y trenes también sufrieron incrementos devastadores que pulverizaron salarios, licuaron becas estudiantiles y recortaron de manera drástica la capacidad de consumo de miles de hogares. Hoy, para muchas familias, pagar el viaje diario significa resignar alimentos, medicamentos o servicios básicos.
El drama ya se percibe en estaciones, andenes y paradas cada vez más vacías. Según un informe del Centro de Economía Política Argentina, el gasto mensual de transporte para un trabajador que combina colectivo y subte pasó de representar el 2,6% al 17,3% del salario mínimo, una cifra alarmante que refleja el peso insoportable que cayó sobre quienes menos tienen.
La situación de los estudiantes también es crítica. Programas como Progresar perdieron gran parte de su capacidad para cubrir los traslados diarios, dejando a miles de jóvenes ante una elección angustiante: seguir estudiando o abandonar por no poder pagar el boleto.
La caída en el uso del sistema ya no es solo un dato estadístico. Es la muestra concreta de una crisis social profunda, donde ya no solo aumentó el precio del boleto: se encareció el derecho elemental a trabajar, estudiar, atenderse, visitar a la familia o simplemente circular.
Cada carga de la SUBE representa hoy un sacrificio. Y para millones de argentinos, subirse al transporte público dejó de ser una rutina para convertirse en un lujo cada vez más inaccesible.
Fuente: Agencia Noticias Argentinas
Informe: Centro de Economía Política Argentina
Medio: Las Dos Campanas























