Por Víctor Hugo Denis | Narrador: Víctor Hugo Denis
Medio: Las Dos Campanas
Hay campeones que ganan títulos y otros que dejan una huella imborrable en la historia de su pueblo. Jorge “Roña” Castro fue uno de ellos.
En 2021, en plena pandemia, mientras miles de familias sufrían la desesperación de no tener un plato de comida sobre la mesa, el Roña abrió las puertas de su gimnasio en Temperley junto a su hija Quimey. Aquella iniciativa solidaria creció hasta convertirse en una red de cuatro comedores propios y 14 centros asistidos, donde más de 10.000 argentinos encontraron alimento, contención y esperanza.
El Roña sabía lo que era pasar hambre. Había conocido la pobreza desde niño en Caleta Olivia, había sufrido el frío y trabajado para sobrevivir. Por eso, cuando veía a una familia necesitada, no necesitaba que nadie le explicara el dolor. Él lo había sentido en su propia piel.
Mientras algunos hablaban, él encendía las ollas. Mientras muchos prometían, él servía los platos. Su lucha no era por una medalla ni por un aplauso: era para que un chico pudiera comer y para que un abuelo no tuviera que enfrentar la soledad y el hambre.
Hoy, su partida deja un dolor inmenso. Se va un campeón del mundo, pero también se va un hombre que entendió que la verdadera grandeza no está solamente en levantar los brazos arriba de un ring, sino en tenderle la mano a quien ya no tiene fuerzas para levantarse.
Su legado no se mide en cinturones ni en victorias deportivas. Se mide en cada plato servido, en cada familia acompañada y en cada persona que encontró una mano solidaria cuando más la necesitaba.
El Roña peleó contra rivales, pero su batalla más grande fue contra el hambre y la indiferencia. Y aunque hoy sus guantes descansen para siempre, su obra seguirá hablando por él.
Desde Las Dos Campanas, despedimos con profundo respeto a Jorge “Roña” Castro y acompañamos a su familia, a sus seres queridos y a todas las personas que encontraron en él una ayuda, una esperanza y un motivo para seguir adelante.
Descansá en paz, campeón. Tu historia nos recuerda que la verdadera gloria no consiste solamente en llegar a lo más alto, sino en no olvidarse jamás de quienes quedaron abajo.
¡HASTA SIEMPRE, ROÑA!
Las Dos Campanas te despide con respeto y gratitud. Porque los campeones pueden partir, pero las huellas de solidaridad que dejan en su pueblo nunca mueren.






















