Muchos vecinos de Lanús se preguntan cuándo fue la última vez que Nacho Moroni recorrió verdaderamente los barrios más golpeados del distrito. ¿Cuándo estuvo en Monte Chingolo, Villa La Fe, El Ceibo o Villa del Morro escuchando a las familias que hoy no llegan a fin de mes?
Resulta llamativo escuchar discursos sobre supuestas «batallas» cuando el verdadero problema que golpea todos los días a miles de argentinos es el brutal ajuste económico impulsado por el gobierno de Javier Milei. Un modelo que castiga a jubilados, trabajadores, desocupados y sectores populares, mientras el costo de vida sigue creciendo.
La realidad en las calles es muy distinta a la que se muestra en las redes sociales. Mientras militantes de la Unidad Básica Lealtad Peronista y organizaciones solidarias realizan colectas de ropa, zapatillas, reparten café con leche, pan y ayudan a personas en situación de calle con recursos mínimos, desde los sectores libertarios abundan las publicaciones exhibiendo reuniones, festejos y asados.
La diferencia no es solamente política: es una cuestión de sensibilidad social. Para quienes abrazan la doctrina peronista, mostrar abundancia mientras miles de familias no pueden poner carne en la mesa resulta una provocación. El asado, símbolo histórico de la mesa de los trabajadores argentinos, se ha convertido en un lujo inalcanzable para gran parte de la población.
Mientras algunos posan para Instagram junto a un abundante vacío, otros recorren los barrios tratando de contener una emergencia social que crece día tras día. Esa es la verdadera batalla que hoy se libra en Lanús y en toda la Argentina: la lucha entre la indiferencia y la solidaridad.






















